Comedias
Entre las características esenciales de la comedia shakespeariana encontramos la vis cómica, la dialéctica de un lenguaje lleno de juegos de palabras, el contraste entre caracteres opuestos por clase social, sexo, género o poder (un ejemplo representativo sería La fierecilla domada, también traducida a veces como La doma de la bravía); las alusiones y connotaciones eróticas, los disfraces y la tendencia a la dispersión caótica y la confusión hasta que el argumento de la historia desemboca en la recuperación de lo perdido y la correspondiente restauración en el marco de lo natural. El panorama de la comedia supone además la exploración de una sociedad donde todos sus integrantes son estudiados por igual de forma muy distinta a como es vista la sociedad en sus obras históricas, montadas sobre la persecución maquiavélica del poder («una escalera de arena», a causa de su vaciedad de contenido) y el trastorno del orden cósmico divino que el rey representa en la tierra. Como galería de tipos sociales la comedia es, pues, un espacio más amplio en Shakespeare que el trágico y el histórico y refleja mejor la sociedad de su tiempo, si bien también resalta en este campo el talento del autor para crear personajes especialmente individualizados, como el bufón y arquetipo de lo sanchopancesco llamado Falstaff.
Si bien el tono de la trama es con frecuencia burlesco, otras veces se encuentra latente un inquietante elemento trágico, como en El mercader de Venecia. Cuando trata temas que pueden desencadenar un trágico desenlace, Shakespeare trata de enseñar, a su modo habitual, sin tomar partido, proponer remedios ni moralizar o predicar en absoluto, los riesgos del vicio, la maldad y la irracionalidad del ser humano, sin necesidad de caer en la destrucción que aparece en sus tragedias y deja a la Naturaleza el orden restaurador y reparador.
Los finales de las comedias son, por lo general, festivos y placenteros. Debe tenerse en cuenta que el lenguaje vulgar y de doble sentido, así como la magnitud de diversos puntos de vista, los cambios de suerte y el trastorno de las identidades, aportan un ingrediente infaltable que suele estar acompañado de sorprendentes coincidencias. La parodia del sexo, el papel del disfraz y el poder mágico de la naturaleza para reparar los daños y heridas ocasionados por una sociedad corrupta y sedienta de codicia son elementos trascendentes en la comedia shakespeariana.
El hombre cambia totalmente su forma de pensar y de actuar al refugiarse en lo salvaje y huir de la civilización, prestándose al juego de oposiciones. Cabe destacar, por último, que la esfera social que Shakespeare utiliza en sus obras es quizás algo más reducida que la que encontramos en la mayor parte de las comedias.
Tal como se ha dicho antes, el bufón —que era un personaje muy popular en la corte de la época— es el elemento inquebrantable sobre el cual el dramaturgose siente más libre de expresar lo que piensa, teniendo en cuenta que las opiniones de una persona con estas características nunca eran consideradas como válidas —excusa perfecta para explayarse.
Se estima que la fecha de composición de las comedias de Shakespeare ha de girar en torno a los años 1590 y 1612, como punto de partida y culminación de su labor como escritor. La primera y menos elaborada fue Los dos hidalgos de Verona, seguida de El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis,Cuento de invierno, La tempestad, y otras tantas que se enumeran a continuación:
Es importante dejar en claro que La tempestad, Cuento de invierno, Cimbelino y Pericles son consideradas por muchos fantasías poéticas (en inglés se emplea el término romance), dado que poseen características que las diferencian del resto de las comedias.
Obras historicas
En el First Folio se clasifican como «obras históricas» (en inglés, histories) exclusivamente las relacionadas con la historia, relativamente reciente, de Inglaterra. Otras obras de tema histórico, como las ambientadas en la antigua Roma, o incluso Macbeth, protagonizada por un auténtico rey de Escocia, no se clasifican en este apartado. Son once en total (o diez, si se excluye Eduardo III, modernamente considerada apócrifa). La fuente utilizada por el dramaturgo para la composición de estas obras es bien conocida: se trata de las Crónicas de Raphael Holinshed.
A continuación se ofrece una lista de estas obras ordenadas según la fecha aproximada de su composición
- Eduardo III (The Reign of King Edward III; compuesta entre 1590 y 1594; publicada (anónimamente) en 1596).
- Enrique VI
- Primera parte (The First Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
- Segunda parte (The Second Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
- Tercera parte (The Third Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
- Ricardo III (The Tragedy of King Richard the Third; compuesta hacia 1594; publicada en 1597).
- Ricardo II (The Tragedy of King Richard the Second; compuesta hacia 1595; publicada en 1597).
- Enrique IV
- Primera parte (Henry IV, Part 1; compuesta hacia 1596; publicada en 1597 ó 1598)
- Segunda parte (Henry IV, Part 2; compuesta hacia 1597; publicada en 1600)
- Enrique V (Henry V; compuesta hacia 1597-1599; la primera edición conocida es la del First Folio).
- El rey Juan (The Life and Death of King John; compuesta probablemente hacia 1597, ya que hay datos de su representación en 1598. Su primera edición conocida es la del First Folio).
- Enrique VIII (The Famous History of the Life of King Henry the Eighth; compuesta en 1613; la primera edición conocida es la del First Folio).
Existen serias dudas sobre la autoría de la primera de la lista, Eduardo III. De la última, Enrique VIII, se cree que fue escrita en colaboración con John Fletcher, quien sustituyó a Shakespeare como principal dramaturgo de la compañía King's Men.
La segunda tetralogía, formada por Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V, retrocede en el tiempo. Se centra en los reinados de Ricardo II (1377-1399), Enrique IV (1399-1413) y Enrique V (1413-1422). Todas estas obras fueron compuestas en el período 1594-1597.
Habida cuenta de que gran parte del público era analfabeto, estas obras representaban una buena forma de comunicar la historia y fomentar, consecuentemente, el patriotismo y el amor por la cultura inglesa, así como de inculcar un sentimiento de rechazo hacia las guerras civiles. Además de brindar entretenimiento, las obras históricas reafirmaban y justificaban el poder de la
monarquía ante quienes pudieran poner en cuestión su legitimidad. En el teatro de Shakespeare, el rey, como en la obra dramática de
Lope de Vega, es el representante del orden cósmico en la tierra. Esto es lo que más tarde analizarían académicos de la talla de Greenblatt, centrándose en el discurso imperante y en la capacidad del
teatro isabelino para asentar la autoridad real, mantener el orden y desalentar la subversión.
Dada la dependencia de las compañías teatrales con respecto de sus patrocinadores aristocráticos (y, en el caso de
The King's Men, de la autoridad real), es lógico que se escribieran y representaran obras protagonizadas por personajes histórico pertenecientes a la nobleza y relevantes en la
historia de Inglaterra. Es el caso de Enrique V, vencedor en la
batalla de Agincourt de las tropas de
Francia, la sempiterna rival de Inglaterra. Retomando hechos históricos destacados, obviando derrotas y exagerando el heroísmo de la victoria —que se atribuía al monarca reinante—, estas obras lograban que se acrecentase la devoción popular hacia la corona.
En los comienzos de la dramaturgia shakesperiana, la finalidad era legitimar la autoridad de la dinastía
Tudor, entronizada en
1485, precisamente tras el derrocamiento de Ricardo III, uno de los personajes más abominables del teatro shakesperiano. La subida al trono de los Tudor había despertado ciertos recelos, tanto debido a su origen
galés como a lo problemático de sus derechos al trono (aparentemente, Enrique VII, primer monarca de la dinastía, fundamentaba sus derechos en ser descendiente de la princesa francesa
Catalina, viuda de Enrique V, que se volvió a casar unos años más tarde con
Owen Tudor, un noble galés poco influyente en el ámbito de la monarquía nacional.)
No obstante, existen críticos que opinan que las obras históricas de Shakespeare contienen críticas veladas hacia la monarquía, disimuladas para evitar posibles problemas con la justicia.
Comedias tardías novelescas o de fantasía
Las narraciones caballerescas escritas en prosa o verso eran un género de fantasía heroica muy común en Europa desde la
Edad Media hasta el
Renacimiento; los
libros de caballerías en inglés, francés, español, italiano y alemán podían contener además
mitos artúricos y
leyendas celtas y anglosajonas; también intervenían en ellos la magia y la fantasía, y era además perceptible la nostalgia por la pérdida
mitología precristiana de
hadas y otras supersticiones. Esta narrativa legendaria, cuya última expresión y obra maestra fue acaso
La muerte de Arturo de sir
Thomas Malory, se había convertido ya en algo alternativo y popular, identificado con las
lenguas vernáculas frente a una narrativa más moralizante de carácter cristiano, vinculada al ámbito eclesiástico, para un público más selecto y en latín. Para definir este tipo de contenidos populares se escogió la denominación de lo
romantic o
novelesco.
En Gran Bretaña, a fines del
siglo XVI y comienzos del
XVII, el
romance se erigió como un género fantástico en el que, además de seguirse unas convenciones características (caballero con poderes especiales, magia, brujería, alteración de la realidad, cortejo de la figura femenina, hazañas y arriesgadas aventuras), se añadía el hecho de la conquista de América: un
crisol de razas y culturas bárbaras que servía de inspiración para muchos viajeros y dramaturgos. En William Shakespeare, la obra que reúne todas las susodichas convenciones y las plasma en una producción teatral tan interesante como irreal es
La tempestad, considerada el testamento dramático de Shakespeare porque fue probablemente su última obra.
Se representó por primera vez en
1611 y tuvo una segunda puesta en escena hacia febrero de
1613 con motivo de la boda de Isabel Estuardo, hija del rey
Jacobo I, con el príncipe Frederick de
Heidelberg. En la pieza pueden hallarse no pocos paralelismos con las figuras más destacadas del período jacobino: la máscara nupcial que Próspero crea para el disfrute de Miranda y Ferdinando se corresponde con las figuras divinas de
Ceres y
Juno, auspiciando un dichoso porvenir si la feliz pareja prometía guardar castidad hasta después del matrimonio. Esto podría haberle sentado muy bien al monarca, tan conocido por el rigor de su moral tradicional como por su morboso interés por la magia y la brujería, que también tienen lugar importante en la obra. En efecto, estas prácticas motivaron en la época la quema de mujeres entre los siglos XVI y
XVIII y Jacobo I sentenciaba sin vacilar a muerte a todas aquellas personas que estuvieran bajo mera sospecha de llevar a cabo este tipo de ceremonias. La temática de
La tempestad no podría menos, pues, que manifestarse en un monarca —Próspero— interesado en acabar con el maleficio de una vieja bruja, que acechaba con irrumpir en el orden social de la isla. El mundo mágico propio de esta época reaparece sin embargo en otras comedias novelescas y fantásticas de la última época de Shakespeare, como son:
Se considera que
La tempestad es el testamento dramático de Shakespeare. Al parecer inspirada en una de las
Noches de invierno de
Antonio de Eslava, el príncipe Próspero náufrago en una isla, semihumano y semidivino por sus poderes mágicos, rompe al final su varita al reflexionar sobre su limitado poder, y resulta casi imposible no poner sus palabras en boca del mismo Shakespeare:
- Nuestras diversiones han dado fin. Estos actores, como había prevenido, eran todos espíritus y se han disipado en el aire, en el interior del aire impalpable; y, a semejanza del edificio sin cimientos de esta visión, las altas torres cuyas crestas tocan las nubes, los suntuosos palacios, los solemnes templos, hasta el inmenso Globo, sí, y cuanto en él posa, se disolverán y, lo mismo que la diversión insustancial que termina por desaparecer, no quedará rastro de ello. Estamos tejidos con idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño.
Shakespeare a través del tiempo
Epitafio y tumba de Shakespare en la Holy Trinity Church.
Cada época histórica ha primado determinadas obras según las preocupaciones e intereses imperantes. El concepto de "justicia poética" que prevaleció en el siglo XVIII provocó el rechazo de muchas de las tragedias de Shakespeare, ya que según sus criterios el teatro debía promover ejemplos de virtud. El crítico inglés
Samuel Johnson (
1709-
1784) no aceptó el desenlace del
Rey Lear, que consideró cruel e innecesario, y la versión de
1681 de
Nahum Tate sustituyó a la de Shakespeare hasta mediados del
siglo XIX, asombrando con su gran éxito al público lector: en ella hay un final feliz en el que Cordelia y Lear consiguen triunfar sobre los obstáculos, y la protagonista se casa con Edgardo, legítimo heredero del conde de
Gloucester.
Hacia
1772, el famosísimo actor Garrick modificó buena parte de
Hamlet al suprimir la escena de los sepultureros y eximir a Laertes de toda culpa referente al veneno que portaba en su espada. Es más, la reina Gertrudis consigue sobrevivir para llevar una vida de arrepentimiento, lo que no ocurre en el original.
En
1807 Thomas Bowdler publicó
Family Shakespeare, una versión modificada para hacerla, según su criterio, más apta para mujeres y niños, que no pudiese «ofender a la mente virtuosa y religiosa». Esta adaptación dio origen a la palabra inglesa
bowdlerize, que designa a la censura puritana.
Así pues, la adaptación, interpretación y retorsión de la obra shakespeariana fue durante largo tiempo el producto de unos intereses morales, políticos y estéticos concretos, y escamotearon la sombría concepción de la vida que ofrece genuinamente Shakespeare.
El largometraje de
Laurence Olivier,
Enrique V, filmado en honor a los combatientes de la
Segunda Guerra Mundial, hizo que determinados pasajes fueran resaltados para animar el patriotismo británico; el más significativo fue la arenga del monarca a sus tropas antes de la
batalla de Agincourt contra las tropas francesas. Lo mismo cabe decir sobre innúmeras adaptaciones teatrales y cinematográficas hasta estas mismas fechas.
Shakespeare en el mundo hispánico
En lo que concierne a su influencia sobre otras culturas, y la hispana en concreto, Shakespeare fue siempre una caudalosa fuente de inspiración para escritores modernos y contemporáneos, pero no llegó a dejarse notar verdaderamente hasta el siglo XIX. En Hispanoamérica autores como
Rubén Darío y en particular el ensayista
José Enrique Rodó leyeron con especial interés
La tempestad. Rodó, por ejemplo, articuló en su conocido ensayo
Ariel (1900) toda una interpretación de
América sobre los
mitos de dos de sus personajes principales,
Ariel y
Calibán.
Pero su coronación como autor de la Literatura universal debió esperar en España hasta fines del siglo XVIII, cuando
Voltaire suscitó entre los
ilustradosespañoles cierta curiosidad por el autor inglés a través de lo que dijo de él en sus
Cartas inglesas;
Ramón de la Cruz tradujo el
Hamleto en 1772 desde la reducción en francés de
Jean-François Ducis (1733-1816), quien había adaptado traducciones francesas de las tragedias de Shakespeare al verso sin saber inglés según los gustos del
Neoclasicismo y eliminando el final violento, entre otros retoques. Esta traducción, sin embargo, no llegó a publicarse. Por el contrario
Leandro Fernández de Moratín sí llegó a imprimir la suya, también desde la mala versión francesa de Ducis, acumulando a las de su modelo otras deficiencias (Madrid: Villalpando, 1798).
Hubo otras versiones de obras sueltas (
Otelo, 1802, traducción de
Teodoro de la Calle desde la versión francesa de Ducis;
Macbé ó Los Remordimientos, 1818, por
Manuel García, también desde la versión francesa de Ducis), pero solamente se emprendieron esfuerzos globales de traducción de toda la obra del autor en la segunda mitad del siglo XIX, empresas sin duda espoleadas por el prestigio que había alcanzado el autor con los elogios sin tasa que le prodigó el
Romanticismo alemán.
1872 fue un año fundamental en la recepción española de Shakespeare. Se editan las primeras traducciones directas desde el inglés:
Obras de William Shakspeare trad. fielmente del... inglés con presencia de las primeras ediciones y de los textos dados á luz por los más célebres comentadores del inmortal poeta, Madrid, 1872-1877 (Imp. Manuel Minuesa, R. Berenguuillo). La traducción es de
Matías de Velasco y Rojas, Marqués de Dos Hermanas, pero no pasó de tres volúmenes; el segundo y el tercero se imprimieron en 1872, el primero con sus poemas y sonetos, el segundo con
El Mercader de Venecia y el tercero con
Julieta y Romeo.
Entre 1872 y 1876
Jaime Clark tradujo
Romeo y Julieta;
Hamlet;
Otelo;
Rey Lear;
El mercader de Venecia;
Como gustéis;
Noche de Reyes y
La tempestad. En 1873, el gibraltareño
Guillermo Mcpherson empezó a imprimir su traducción de 23 obras en endecasílabo blanco, provistas de importantes prólogos.
Por otra parte, de
1872 a
1912, menudearon las representaciones de sus obras en Madrid; Shakespeare aparece incluso como personaje en
Un drama nuevode
Manuel Tamayo y Baus, aunque ya había aparecido como tal en el drama de
Enrique Zumel Guillermo Shakespeare (Granada: José María Zamora, 1853). Del mismo modo, la crítica española emprendió por primera vez el estudio en profundidad de Shakespeare; fueron los primeros
Guillermo Macpherson y su amigo el gaditano
Eduardo Benot (
1885) y especialmente
Eduardo Juliá Martínez (
1918), quien aprovechó la fecha de centenario para divulgar la figura de Shakespeare con una especie de biografía novelada que, bajo el título
Shakespeare y su tiempo: historia y fantasía (1916), pretendía exponer "verdades entre las apariencias del entretenimiento" (p. xii). La obra está bien documentada, como reflejan la caudalosa anotación y los apéndices finales (281–331), que son con mucho lo más sustancioso de la obra; tras esto escribió Juliá su interesante
Shakespeare en España (1918), que sirvió de base a la obra homónima de
Alfonso Par. Éste tradujo, entre otras piezas dramáticas,
King Lear al catalán y al castellano. En 1916, coincidiendo con el tercer centenario de la muerte del dramaturgo, escribió en catalán
Vida de Guillem Shakespeare, que apareció en castellano en 1930, y en este mismo año
Contribución a la bibliografía española de Shakespeare; su dedicación se verá coronada con dos obras colosales, una publicada en 1935,
Shakespeare en la literatura española, en dos volúmenes, y otra al año siguiente, la póstuma
Representaciones shakespearianas en España, también en dos volúmenes. También hay que señalar aquí a otro estudioso español de Shakespeare,
Ricardo Ruppert y Ujaravi (
1920), al escritor del
Realismo Juan Valera y a miembros de la
Generación del 98 cuales
Miguel de Unamuno y
Valle-Inclán, que dedicaron algunos
ensayos al Cisne del Avon.
Entre las traducciones, sobresalen las obras completas en ocho volúmenes del ya citado
Guillermo Macpherson (1885-1900), con sus correspondientes introducciones. También ocupan un lugar privilegiado las
Obras completas de Shakespeare de
Rafael Martínez Lafuente, aunque muy probablemente son retraducciones desde el francés, pues recogen en su prólogo fragmentos de los ensayos de
Víctor Hugo sobre la vida y obra del dramaturgo que precedió a una traducción francesa. Ya comprende la obra entera, e incluso los títulos atribuidos, la versión de
Luis Astrana Marín en prosa, entre 1920 y 1930, que fue muy leída por
Federico García Lorca; compuso además Astrana una biografía que reeditó ampliada y realizó un estudio de conjunto sobre su obra que puso como introducción a su monumental edición. Son asimismo dignas de mencionarse las traducciones y adaptaciones llevadas a cabo por los
simbolistas Antonio Ferrer y Robert (
Macbeth, 1906);
La fierecilla domada por
Manuel Matoses (1895);
Noche de Epifanía (1898) y
El Rey Lear (1911) por
Jacinto Benavente;
Romeo y Julieta (1918) y
Hamlet (1918) por
Gregorio Martínez Sierra. Una apreciable cifra de estudios y traducciones utilizados y acumulados por William Macpherson y
Rafael Martínez Lafuente pueden asimismo encontrarse en la
Biblioteca del Ateneo de Madrid.
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Shakespeare en la pantalla
Se han producido unas 250 películas basadas en textos de Shakespeare, lo cual demuestra la enorme influencia de la obra de este escritor. La obra más veces llevada a la pantalla es
Hamlet, con 61 adaptaciones al cine y 21 series de televisión entre
1907 y
2000. Algunas películas basadas en obras de Shakespeare son las siguientes:
- La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, 1929). Protagonizada por Douglas Fairbanks y Mary Pickford.
- El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night's Dream, 1935). Dirigida por Max Reinhardt y William Dieterle.
- Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1936). Dirigida por George Cukor.
- Como gustéis (As You Like It, 1936). Dirigida por Paul Czinner.
- Enrique V (The Chronicle History of King Henry the Fifth with His Battle Fought at Agincourt in France, 1945). Dirigida por Laurence Olivier.
- Macbeth (1948). Dirigida por Orson Welles.
- Hamlet (1948). Dirigida por Laurence Olivier.
- Otelo (The Tragedy of Othello: The Moor of Venice, 1952). Dirigida por Orson Welles.
- Julio César (Julius Caesar, 1953). Dirigida por Joseph L. Mankiewicz.
- Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1954). Dirigida por Renato Castellani.
- Ricardo III (Richard III, 1955). Dirigida por Laurence Olivier.
- Otelo (Otello, 1956). Dirigida por Sergei Jutkevitsh.
- Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956). Película de ciencia ficción libremente basada en La Tempestad). Dirigida por Fred M. Wilcox.
- Trono de sangre (Kumonosu jô, 1957). Libremente basada en Macbeth. Dirigida por Akira Kurosawa.
- La Tempestad (The Tempest, 1960). Película para televisión protagonizada por Richard Burton. Dirigida por George Schaefer.
- Amor sin barreras (West Side Story, 1961). Película musical basada en Romeo y Julieta. Dirigida por Jerome Robbins y Robert Wise.
- Hamlet (Gamlet, 1963). Dirigida por Grigori Kózintsev.
- Hamlet (1964). Protagonizada por Richard Burton. Dirigida por Bill Colleran y John Gielgud.
- Campanadas a medianoche (1965). Basada en varias obras, especialmente Enrique IV. Dirigida por Orson Welles.
- La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, 1967). Protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton. Dirigida por Franco Zeffirelli
- Romeo y Julieta (Romeo and Juliet, 1968). Dirigida por Franco Zeffirelli.
- El rey Lear (Korol Lir, 1969). Dirigida por Grigori Kozintsev.
- Rey Lear (King Lear, 1971). Dirigida por Peter Brook.
- Macbeth (1971). Dirigida por Roman Polański.
- La Tempestad (Tempest, 1982), dirigida por Paul Mazursky.
- Ran (1985), dirigida por Akira Kurosawa. Adaptación de "El Rey Lear"
- Rey Lear (King Lear, 1987), dirigida por Jean-Luc Godard.
- Enrique V (Henry V, 1989). Dirigida por Kenneth Branagh.
- Romeo y Julieta (Romeo-Juliet, 1990), con Francesca Annis, Vanessa Redgrave y Ben Kingsley. Dirigida por Armando Acosta.30
- Hamlet (1990), con Mel Gibson y Glenn Close. Dirigida por Franco Zeffirelli.
- Los libros de Próspero (Prospero's Books, 1991). Basada en La Tempestad). Dirigida por Peter Greenaway.
- Mi Idaho privado (My Own Private Idaho, 1991). Protagonizada po River Phoenix y Keanu Reeves y dirigida por Gus Van Sant. Libremente basada enEnrique IV.
- Como gustéis/Como gusten (As You Like It, 1992), dirigida por Christine Edzard.
- Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, 1993), dirigida por Kenneth Branagh.
- El Rey León (The Lion King, 1994), dirigida por Rob Minkoff y Roger Allers. Película de animación realizada por los estudios Disney libremente basada en Hamlet.
- Otelo (Othello, 1995), dirigida por Oliver Parker.
- Richard III (Richard III, 1995), dirigida por Richard Loncraine.
- Romeo y Julieta de William Shakespeare (Romeo + Juliet, 1996), con Leonardo Di Caprio y Claire Danes. Dirigida por Baz Luhrman.
- Hamlet (1996), con Kenneth Branagh, Richard Attenborough, Judi Dench, Billy Crystal y Kate Winslet. Dirigida por Kenneth Branagh.
- En busca de Ricardo III (Looking for Richard, 1996), dirigida por Al Pacino.
- 10 razones para odiarte (10 Things I Hate About You, 1999) (basada en La fierecilla domada), con Julia Stiles y Heath Ledger. Dirigida por Gil Junger.
- El sueño de una noche de verano de William Shakespeare (A Midsummer Night's Dream, 1999), con Calista Flockhart y Michelle Pfeiffer. Dirigida por Michael Hoffman.
- Titus (1999) (basada en Tito Andrónico), con Anthony Hopkins y Jessica Lange. Dirigida por Julie Taymor.
- Trabajos de amor perdidos (Love's Labour's Lost, 2000), dirigida por Kenneth Branagh.
- Hamlet (2000), con Ethan Hawke, Julia Stiles, Kyle MacLachlan. Dirigida por Michael Almereyda.
- El Mercader de Venecia (The Merchant of Venice, 2004), dirigida por Michael Radford.
- Coriolanus (2011) , dirigida por Ralph Fiennes.
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| John Hall |
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| Hamnet Shakespeare |
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| John Barnard |
| Elizabeth Barnard |
| Thomas Nash |
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| Thomas Quiney |
| Shakespeare Quiney |
| Richard Quiney |
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